CRITIX: un tábano vegetariano

Ladran, Sancho: señal que cabalgamos...
CERVANTES

Podría ser que usted, por designio divino o casualidad, se vuelva un día algo así como el Lully(1) del barrio. En tal caso, lo primero que debería hacer es procurarse un fiel guardián.
Recuerde que es preciso entrenar al perro de raza desde cachorrito, y lo más importante, sin duda, es darle de comer personalmente. Una palmada ocasional, sabrosos huesos y un paseo a horas regulares darán excelentes resultados: en un par de años contará con un ladero impecable, conectado a sus sentimientos por misteriosos lazos psíquicos.
Basta que usted experimente animadversión hacia un colega: el mastín mostrará los dientes y se lanzará con ojos inyectados en sangre a la garganta del infortunado; o bien Ud. considerará conveniente favorecer a otro colega, en cuyo caso, señalando a esa persona, palmeará la cabezota de Critix mientras enuncia, con voz cálida: "Amigo, amigo..."

Sin embargo, estos extremismos son infrecuentes; la mayor parte del día Critix duerme en un rincón, en abulia o majestuosa indiferencia -quién sabe!- y sólo se despierta para ejecutar cabriolas excitadas, improvisar volteretas increíbles y soltar ladridos de placer para festejar alguna hazaña del Amo. En tal caso, hasta es capaz de recitar de memoria párrafos enteros de Heidegger: es un perro muy inteligente!
A veces Critix visita uno o dos teatros, donde tiene una cómoda poltrona reservada para él, una estufita de cuarzo para calentarse los pies y una mesita para apoyar el vaso de whisky o la revista de actualidad -obviamente, en aquellas fechas en que canta Fulana, dirige Mengano o estrenan la obra de Perenbethínchulis, en lo posible compositor extranjero o residente, amigo de Amigo-. La 'vuelta al perro' de Critix es bastante sofisticada, si uno lo piensa: pasajes de avión, invitaciones a los festivales europeos, algún cargo oficial...

Todos nosotros hemos visto alguna vez -espero- un auténtico caballo argentino rumiando indolente mientras se espanta las moscas: los músculos del lomo vibran, las orejas se menean, las crines azotan los flancos y una suave coz basta para mantener a raya a los dípteros.
Aparece el tábano proverbial, su fuerte aguijón atraviesa el cuero y el corcel, dolorido, arranca en una carrerita: escribe, tal vez, una sonata defectuosa o una sinfonía olvidable.

El tábano ataca nuevamente, esta vez del lado contrario; recorre un trecho más largo el noble bruto, atormentado por el dolor, y compone algún cuarteto complicado.
El imperturbable tábano no le da reposo, y así nuestro caballito llega, después de varios cambios de dirección, a una pradera donde encuentra "una vaca en un cuadro de Mondrian"(2), o se le ocurren unos preludios en forma de pera(3). Una de las funciones del tábano se ha cumplido, y hasta puede llegar a perdurar en la memoria colectiva a lomos de nuestro nobilísimo equino.

Por qué ese extraño renunciamiento, esa aparente apatía de Critix para cumplir con su deber hacia el noble y bruto compositor, que sin sus picotazos languidece en el húmedo y caluroso llano pampeano? Si hasta los músculos se le van atrofiando! ya no mueve más la orejitas, ni la cola...ni hablar de su 'carrera', que ha pasado a ser, a lo sumo, un trotecito de burro, de caballo de noria o de calesita...

Ríos de tinta se han vertido para describir la malevolencia, pereza, ignorancia, cobardía y oportunismo de los críticos, aún en nuestro gentil -hipócrita?- ambiente musical. Por mi parte, discrepo totalmente con estas acusaciones, y lo hago basándome en una larga, cuidadosa e imparcial observación de la especie en cuestión. Lo que sucede con Critix es que, aparte de memorizar a Heidegger, ha leído a Gandhi, a la madre Teresa de Calcuta, el manifiesto de Geenpeace y hasta secciones del Tao-Te-King; en este último, venerable libro sapiencial, ha descubierto la maravillosa doctrina del wu-wei-wu, que se traduce a veces como "no acción", "acción-sin-acción", etc., y se ha entregado de todo corazón a esta ascesis elevada.

Fuera de los escasos arrebatos de furia o ditirambo, de vuelta de sus paseos por Renania, el tiempo de Critix fluye dulcemente o, más aún, casi se detiene, en la augusta repetición de sagrados mantram, los koans de la perfecta vacuidad, los innumerables nombres de la deidad y el orden de las alteraciones en las armaduras de clave.

Oh sí!, nuestro Parnaso también alberga varios Hanslicks(4)... pero se han hecho budistas, es decir, vegetarianos: por nada del mundo se acercan a la carne, y menos que menos a la sangre!
Afortunadamente, la cebada es un vegetal, de modo que Critix puede seguir bebiendo sin remordimientos su escocés genuino, con dos cubitos.
Lo compra en el Duty Free, como antes.
Como siempre.

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(1) Jean Baptiste Lully (1632-1687), compositor nacido en Firenze, llegó a regir los destinos
de la música francesa bajo el reinado de Luis XIV.
(2) Alusión a una obra de Gerardo Gandini, compositor argentino nacido en 1936.
(3) Alusión a una obra de Erik Satie, compositor francés que vivió entre 1866 y1925.
(4) Eduard Hanslick (1825-1904), crítico musical nacido en Praga, fustigó y ensalzó con igual vigor a diversos representantes de la música germana de su época.

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