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Donatoni
en siete notas
La
leyenda
En los años ochenta la figura de Franco Donatoni se
destacaba en el imaginario de esos jóvenes italianos
que habían empezado a sentirse compositores. Rumores
fantásticos y contradictorios circulaban por los pasillos
de conservatorios y academias: había estado internado
en un instituto psiquiátrico...había recorrido
toda Italia en bicicleta...un día salió a comprar
cigarrillos y regresó seis meses después...vivía
en una casa de campo sin electricidad...Un halo de misterio
y escándalo rodeaba a este veterano de las lides de
Darmstadt, donde se habían enfrentado -en la década
del '50- las huestes del estructuralismo con las avanzadas
de la aleatoriedad; sus alumnos lo reverenciaban, y sus detractores
manifestaban igual celo en denigrarlo. Al parecer no era fácil
acercarse a él, especialmente para nosotros, estudiantes
extranjeros con un bagaje técnico y estético
algo anticuado; con una mezcla de temor y expectativa llegamos
a Siena una sofocante tarde de junio, para matricularnos en
el curso de "alto perfeccionamiento en composición"
de la Accademia Musicale Chigiana.
El
hombre
El primer encuentro disipó y a la vez confirmó
nuestros temores: Donatoni no era ciertamente un maestro accesible;
al mismo tiempo, irradiaba un magnetismo y una simpatía
un poco socarrona que lo hacían inmediatamente querible
y necesario. Extremadamente alto y muy macizo, con brazos
como de gladiador, su presencia era jovial, en el sentido
astrológico del término: a su lado todos parecíamos
asteroides erráticos, o polillas atontadas dando vueltas
a un farol. Hablaba poco, con una voz bien timbrada y su delicioso
acento del Veneto; más bien nos escuchaba con gran
atención, los ojos brillantes, sonriendo con una picardía
contagiosa. Un detalle de su robusta anatomía me deparó
una enseñanza inesparada: Franco tenía callosidades
en los codos, y en sus dedos nudosos se destacaba otro grueso
callo en el extremo del dedo medio, allí donde se apoya
el lápiz. No se conocían entonces el 'Encore'
o el 'Finale', y recuerdo que pensé, con cierta alarma
y sorpresa: "un compositor es una persona que se pasa
la mayor parte de su vida sentado a una mesa dibujando notas".
El
compositor
Es indudable que Donatoni ha dibujado muchísimas notas
-y otros signos no tan convencionales- que se traducen en
más de cien obras editadas y estrenadas, entre las
cuales figuran una ópera, un ballet, varias piezas
para orquesta, coro y orquesta, voz y orquesta, clave y orquesta,
solos instrumentales, y las más variadas e inusitadas
combinaciones instrumentales de cámara: baste citar
al respecto Diario '76, -cuatro trompetas y cuatro trombones-,
De prés (1978) -voz femenina, dos piccolos y tres violines-
Feria (1982) -cinco flautas, cinco trompetas y órgano-,
o Ave (1987), para piccolo, glockenspiel y celesta. El lenguaje
ha ido cambiando y refinándose incesantemente, desde
sus orígenes celosamente serialistas, pasando por la
experimentación aleatoria y la etapa "negativa"
del 'decomponieren', hasta desembocar en una poética
sumamente personal que se caracteriza por la escritura nerviosa
y virtuosística, de un colorido deslumbrante, vertiginosa
y cambiante. La concepción básica de 'procedimiento
como forma' emparenta a Donatoni con los grandes maestros
del contrapunto renacentista, aunque sus materiales son atemáticos,
microscópicos, irreconocibles en su naturaleza interválica
individual; su música hace pensar en los modernos aceleradores
de partículas: en ellos se registran las huellas intrincadas
de entidades que apenas llegamos a conjeturar.
La
historia oficial
Franco Donatoni nació en Verona el 9 de Junio de 1927;
estudió violín y luego composición en
Bologna, diplomándose en 1953 en la Accademia Santa
Cecilia de Roma, donde trabajó con Pizzetti. A partir
de 1954 frecuenta los cursos de verano de Darmstadt, mientras
enseña en los conservatorios de Milano y Torino; obtiene
numerosas distinciones, entre otras varios premios internacionales.
En 1972 reside un año en Berlín, invitado por
el Deutscher Akademischer Austauschdienst; sus obras se editan
en las editoriales Zanibon, Suvini-Zerboni y Ricordi. Además
de los cursos de perfeccionamiento en la Accademia Chigiana
de Siena y Santa Cecilia de Roma, realiza seminarios y encuentros
con estudiantes de composición en Francia, Suiza, España
y otros países europeos, y cursos en la Universidad
de Berkeley, California, a partir de 1979. Ha visitado nuestro
país en varias ocasiones, la última de las cuales
-hace un par de años- no fue, tal vez, suficientemente
anunciada en los medios: su música es todavía
poco conocida en nuestro ambiente.
El
maestro
En la medida en que la conocí, la didáctica
donatoniana me pareció inefable: como ya he mencionado,
Franco no era amigo de largas disquisiciones. Prefería
trabajar con los materiales que le propusiéramos, sometiendo
nuestros ensayos al más agudo escrutinio; sus indicaciones
eran breves y precisas, y en algunas ocasiones, para ejemplificar
algún concepto, recurría a su propia obra. En
esos casos, abría una enorme valija que llevaba consigo
y extraía un cassette de una colección que se
me antojaba infinita, para hacernos escuchar un fragmento
de alguna de sus piezas. Recuerdo una mañana en que
un joven compositor italiano presentó un manuscrito
que a todos nos pareció "muy de vanguardia":
un cuarteto para maderas, donde absolutamente todas las las
notas eran multifónicos, de acuerdo a las indicaciones
de un librito que estaba en boga por esos días. Donatoni
pasó las hojas una por una (eran muchas) y al final
devolvió la partitura a su autor con un lacónico
"Scusa, ma qui non ci si ascolta niente" - Disculpa,
pero no puedo escuchar nada en esto - Años después
yo lo visitaba en Milán, y sometía a su examen
una pieza para nueve instrumentos, en la que había
trabajado más de un año, y que constituía
en ese momento el 'nec plus ultra' de mis capacidades; Franco
leyó la partitura en absoluto silencio, página
por página (eran muchas!), la cerró, y volvió
a abrirla en un lugar en donde, después de un 'tutti'
fortísimo, el piano quedaba tocando unos acordes lentos,
muy 'piano'; señalando el solo, dijo: "Questo
é molto bello". Y eso fue todo.
El
pensador
Donatoni nació en el norte de Italia, lo cual significa
que en su sangre temperamental y apasionada hay un incalculable
porcentaje de rigor metafísico del más puro
cuño germánico; testimonio de este venero cientificista,
convenientemente cultivado en sus peregrinaciones centroeuropeas,
son los libros y artículos publicados a lo largo de
cuatro décadas. Para aquellos que nos hemos salteado
la lectura de Wittgenstein, Kant y hasta Descartes, abordar
Questo o Antecedente X puede llegar a ser una aventura infructuosa,
complicada por el hecho de que difícilmente se consigan
en español; de todas formas es posible intuír
en estos escritos un pensamiento profundo y original, que
no retrocede ante abismos o pantanos conceptuales, sino que
ofrece sus propias soluciones de lenguaje y de forma. Al igual
que en la música, Donatoni plantea en sus ensayos nuevas
preguntas, que nutren retrospectivamente la comprensión
de su poética.
El
'gourmet'
Final del curso de verano en la Chigiana; en el concierto
de alumnos, aquellos que sobrevivimos a la ordalía
donatoniana presentamos, con más susto que orgullo,
nuestros proyectos musicales. A la mañana siguiente,
como cierre y fiesta, el maestro nos invita a un 'capuccino'
que se convierte en un desfile de sandwiches, tortas y vinos
toscanos que dura hasta la hora de la siesta; es una faceta
desconocida de Franco: las anécdotas, las bromas y
los recuerdos alternan con porciones pantagruélicas
de merengues y helado, mientras la nostalgia por la partida
inminente se empieza a sentir como un rocío apenas
insinuado entre las risas, los proyectos y los saludos de
despedida.
En
mi último viaje a Italia tuve la oportunidad de cenar,
con otros compositores, en casa de Donatoni. Franco vivía
solo, en un departamento modesto de las afueras de Milán;
no había piano, instrumentos, radio, televisión
o equipo de música visibles. Su cuarto de trabajo tenía
un aspecto monacal: una mesa, papel pautado de formato grande,
algunos libros; la parte más importante del apartamento
parecía ser la cocina, conectada con un living donde
había una mesa primorosamente preparada para seis;
por allí desfilaron, durante horas, las especialidades
de la cocina lombarda, generosamente regadas con vinos y licores.
A la hora del plato principal, polenta con patitas de cerdo
(era pleno invierno), alguien preguntó a Franco como
se las arreglaba él solo para cocinar y servir una
cena tan organizada; la respuesta fue simple: bastaba disponer
de veinticuatro horas -y seguía el relato pormenorizado
de las compras en el mercado, la visita a la bodega, las recetas
que había utilizado, hasta llegar al lavado - pendiente-
de vajilla, cacerolas y menaje. Al despedirnos, le pregunté
si podía llevarme como 'souvenir' el menú de
la cena, que estaba escrito en unas tarjetas de papel pentagramado
pegado sobre cartón, escrito elegantemente con marcador
y fibras de colores; se excusó, diciéndome con
un guiño cómplice: "- Ancora mi serve per
un'altra cena -"
Javier Giménez Noble (Junio 1999)
Nota:
Franco Donatoni falleció el 17 de Agosto de 2000, después
de una prolongada enfermedad
Discografía:
F.
Donatoni / Five Pieces: Nieuw Ensemble (Etc. Records 1988/KTX
1053)
F.
Donatoni / 2E2M: Paul Mefano (ADDA 1989/581133)
Bibliografía: Renzo Cresti: "Franco Donatoni"
(Ed.Suvini Zerboni, Milano 1982)
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