La Forma Musical

En este breve trabajo nos referiremos a algunos problemas básicos relacionados con la enseñanza de la morfología musical. En primer lugar trataremos, de establecer qué entendemos por el concepto de FORMA musical.
La psicología y la filosofía nos dicen que la forma es, más que algo inherente a los objetos en sí mismos, una categoría que imprime a estos la psiquis del sujeto que percibe, en función de ciertas características de los objetos que son independientes de dicha percepción. En el caso del objeto musical, estas características son las cualidades de los conglomerados sonoros y las variaciones de dichas cualidades a través del tiempo; esta última es una peculiaridad que diferencia a la música de las artes plásticas y la emparenta con el cine y el teatro. Con esto queremos apuntar a lo que consideramos como pilar de la percepción formal en la música: la jerarquización de los sonidos a través del parámetro temporal.
El segundo punto que es preciso considerar es el que se refiere a la nomenclatura de las cuestiones morfológicas; en efecto los diversos tratadistas a través de las épocas no han llegado aún a un acuerdo acerca de la definición exacta de los elementos formales (frases, períodos, etc.), y tampoco existe unanimidad en la clasificación de las diversas especies y tipos formales. En las siguientes secciones trataremos de sugerir medios de acercamiento a esos problemas.

FORMA Y ESTRUCTURA

Dos conceptos que pueden ser útiles para nuestro anál¡sis; mediante un ejemplo sencillo podemos demostrar su significación. La "forma" de nuestro cuerpo es lo que vemos exteriormente, es decir, un volumen en el espacio, con sus miembros, sus rasgos distintivos, etc; la "estructura" de nuestro cuerpo no es visible, pero podemos conocerla a través del estudio de la anatomía. Esta estructura es la que determina la "forma" del cuerpo, si es bajo, delgado, proporcionado o no, etc; está dentro del cuerpo, constituyendo su armazón ósea, musculatura, etc, al mismo tiempo está afuera de él, en forma de arquetipo o modelo abstraído, pasible de ser representado geométricamente, como podemos observar en los bocetos de un dibujante o escultor.
Del mismo modo, si trasladamos nuestro ejemplo de lo espacial a lo temporal, podremos reconocer una estructura determinando desde adentro la forma de un objeto musical. A esa estructura accedemos por el análisis, que es el equivalente musical de la disección anatómica; una vez reconocida es posible representarla por medio de un patrón sencillo, y sobre un pequeño número de estos patrones o arquetipos básicos asentar una clasificación más objetiva de los tipos morfológicos. En cierto modo, esta clasificación coincidiría con los tipos formales de Zamacois y Riemann, pero sería necesario tener en cuenta algunos otros elementos relacionados con lo que llamaremos procedimientos y lenguajes.

FORMA Y PROCEDIMIENTO

En el ejemplo desarrollado anteriormente vimos que la forma externa de nuestro cuerpo depende de su estructura Interna; esta estructura depende a su vez de nuestra herencia genética y de las influencias que el medio ambiente haya ejercido sobre ella. Se acepta habitualmente que dicha estructura ha ido perfeccionándose a través de largos períodos a partir de estructuras más sencillas.
Es posible que algo similar suceda con los "objetos musicales" los que, surgidos, a partir de procedimientos más o menos experimentales, fueron "evolucionando" gracias al trabajo de incontables artistas (y artesanos) hasta cristalizarse en estructuras eficaces que dieron lugar a la proliferaci0n de formas múltiples. A este respecto la historia de la música nos ayuda a comprender el proceso del surgimiento, apogeo y decadencia de ciertas formas en conexión con procesos complejos de índole cultural, religiosa, política, etc.
Queremos destacar en este punto la relación que existe entre los procedimientos de la creación musical y la forma, vista esta relación en función de dicha perspectiva histórica; es fácil establecer una correlación, por ejemplo, entre los procedimientos preferentemente contrapuntísticos de la música anterior al sigo XVII y las formas que florecieron hasta la época de Bach, como el ricercare, el canon y la fuga, dentro del género instrumental, y el motete y la canzona en la polifonía vocal. Del mismo modo, con el advenimiento de un estilo más homófono, presenciamos el triunfo de la monodia acompañada (nacimiento de la opera) y la evolución, a partir de una forma monotemática característica del barroco, de la sonata clásica.
Ahora bien, estas formas están ligadas íntimamente con los procedimientos que las generaron, y en ciertos casos han llegado a ser perfectamente eficaces, como por ejemplo las suites y fugas de Bach, la sonata beethoveniana y muchas obras de Webern; esto quiere decir que la relación entre la forma-estructura y el material constitutivo es equilibrada.
Bajo qué pautas se establece este equilibrio? Es evidente que en la intuición del creador musical funcionan ciertas constantes psicoacústicas, responsables del ordenamiento de su material, que tienden hacia ese equilibrio; esas constantes estarían centradas en tres principios básicos, que podemos llamar:
* identidad (imitación)
* oposición (contraste)
* reconciliación (iteración)
Estos principios son dinámicos, y atañen tanto a la estructuración del material como a todos los detalles de la construcción, ya sea la textura, la rítmica y la articulación, los timbres, etc.

FORMA Y LENGUAJE

En ciertos momentos de la historia de la música nos encontramos con el fenómeno de que los materiales sonoros "exceden", por así decir, las formas que los contienen: es el caso típico de la sonata y la sinfonía en manos de los compositores románticos. Creemos que aquí se trata de una falta de adecuación entre los materiales y la estructuración que se trata de darles; en efecto, el lenguaje musical del siglo XIX había cambiado en relación con el del siglo anterior. Se había avanzado un paso en el camino de la valorización sensorial del sonido en sí mismo, o, lo que es similar, en la progresiva liberación de la disonancia.
Esto atentó naturalmente contra la clara disposición tonal inherente a la forma sonata, e hizo que los compositores románticos no la frecuentaran con asiduidad, (actitud que nos resulta muy sabia y prudente), o que si lo hacían, "disfrazaran" más o menos su intención (al estilo de Brahms en sus dos Rapsodias op.79).
Una prudencia similar debió haber impedido a Debussy volcar su extraordinario sentido de la orquesta en la composición de sinfonías, ya que su lenguaje musical y sus procedimientos lo llevaban con naturalidad a la concepción de estructuras muy distintas a las propias de la retórica sinfónica. Tal vez uno de los pocos sinfonistas que han logrado una síntesis convincente entre la forma clásica y un lenguaje más moderno haya sido Sibelius, pero más bien parece un caso terminal, y en ese sentido podemos analogarlo al de César Franck, como ejemplo de un punto culminante en la elaboración de la forma sonata.
Con el advenimiento de la atonalidad, la crisis de la forma se hizo aguda; esto explica por qué las primeras obras de Schoenberg son tan breves y, en general, vocales, ya que el texto constituye un factor de estructuración al faltar el sostén de la tonalidad. La invención del método dodecafónico no llegó a solucionar el problema, y en cierto modo lo empeoró; en efecto, el "injerto" del dodecafonismo en formas tradicionales que dependen de la polaridad tonal para su estructuración no pasa de un experimento curioso (verbigracia la Suite op.25).
En reacción principalmente contra la atonalidad, los neoclacisismos surgidos a lo largo del siglo utilizan las formas tradicionales en relación con un material que la mayoría de las veces es sintético y sin convicción, lo que produce inevitablemente resultados pobres.

CONCLUSION

Nos encontramos en este momento con una gran cantidad de nuevos procedimientos y materiales, tanto por el avance de la técnica electrónica como por los descubrimientos y estudios de la musicología; desde el canto gregoriano y las diversas músicas étnicas y folklóricas hasta las sofisticaciones del sintetizador y la cinta magnética tenemos un amplio espectro de posibilidades a nuestro alcance: tal vez sea este el problema. Los nuevos procedimientos no se han desarrollado paulatinamente, dando tiempo al proceso de su cristalización en estructuras adecuadas, sino en forma vertiginosa, como por otra parte sucede todo en esta época; el compositor se encuentra en general confuso, huérfano de sentido formal, y en muchos casos se limita a mezclar al azar elementos de las más diversas procedencias, en un afán de producir algo novedoso.
Es inevitable entonces el estudio imparcial y a fondo de todas las técnicas y procedimientos, las viejas y las nuevas, y la experimentación con cada una. de sus posibles aplicaciones; teniendo en cuenta que las estructuras básicas son pocas y de carácter universal e inmanente, cada procedimiento o material que utilicemos podrá cristalizarse en diversas formas, emparentadas entre sí por la estructura común que las sustenta.
Nos queda aún por delante la tarea de la determinación de esas estructuras básicas, su clasificación y descripción; pero este será tema para otros estudios.


JAVIER GIMENEZ NOBLE
1982

 

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